Fuera hacía frío, era Navidad y las dos hermanas estaban jugando con los nuevos regalos que les había traído Papá Noel, junto a los que ya tenían.
Al rato, su madre les avisó de que la cena ya estaba lista,
así que, cogieron un cajón donde guardaban todos los juguetes, lo llamaban el cajón
profundo, donde cabía cualquier trasto, y no los tenían desperdigados por casa.
Cabía cualquier juguete porque su madre, cada cierto tiempo
iba tirando los que se encontraban en el fondo, ahí donde no llegaban las
pequeñas y así daba paso a nuevos juguetes.
Esto juguetes los dejaba en la puerta de la iglesia, para
que otros niños y niñas tuvieran su momento de felicidad. Dejando apartado por
unos minutos la realidad que pudieran estar viviendo.
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